2008 fue el año de La Gran Discontinuidad

Thomas Friedman es una de las firmas más populares de The New York Times, además de ser un exitoso autor de libros de corte divulgativo sobre la economía en un mundo globalizado. Firme defensor del libre mercado, aunque desde posiciones más centradas (apoya a los demócratas en su país), Friedman es un sempiterno optimista que siempre lo ve todo de color rosa. Incluso en este artículo de tintes apocalípticos, titulado “The Inflection Is Near?”, en el que Friedman hace un diagnóstico bastante acertado del absurdo que ha creado el propio modelo socioeconómico de crecimiento que impera en el mundo:
Hemos creado un sistema para el crecimiento que depende de que construyamos más y más tiendas para vender más y más cosas hechas en más y más fábricas de China, alimentadas por más y más carbón que causaría más y más cambio climático pero harían ganar a China más y más dólares de manera que los Estados Unidos tendrían más y más dinero para construir más y más tiendas y vender más y más cosas que emplearían a más y más chinos…
Friedman se plantea que es posible que esta crisis financiera global sea una manifestación de una crisis más profunda:
Salgámonos hoy de los límites normales del análisis de nuestra crisis económica y hagámonos una pregunta radical: ¿qué sucedería si la crisis de 2008 representa algo mucho más fundamental que una profunda recesión? ¿Qué pasaría si nos está diciendo que todo el modelo de crecimiento que hemos creado en los últimos cincuenta años es simplemente insostenible económicamente y ecológicamente y que 2008 fue el año en el que topamos con una pared, cuando tanto el mercado como la Madre Naturaleza dijeron: “Basta”?
Pese a que la solución que Friedman propone es cambiar el tipo de crecimiento, proponiendo que “crezcamos creando flujos en vez de saquear más existencias”, sin dar más detalles, y que su optimismo le impide una crítica más profunda, por ejemplo, de las asunciones de la doctrina económica imperante, es una buena noticia que sea portador de estas reflexiones en una cabecera de prestigio internacional como The New York Times.

¿Estamos cerca de un punto de inflexión?

A veces el periódico satírico The Onion es tan acertado que no puedo evitar citarlo. Consideren este artículo falso de junio de 2005 sobre la adicción estadounidense a las exportaciones chinas:

FENGHUA, China – Chen Hsien, un empleado de Fenghua Ningbo Plastic Works Ltd, una factoría de plásticos que fabrica objetos ligeros para los mercados occidentales, expresaba su incredulidad sobre las “enormes cantidades [de basura] que los estadounidenses comprarán. A menudo, cuando nos asignan un nuevo pedido, digamos, ‘ralladores de verduras”, me digo, ‘no puede ser que alguien compre uno de estos’. … Un mes más tarde, recibimos un pedido del mismo producto, triplicando la cantidad. ¿Cómo puede alguien sentir la necesidad de tener una [basura] tan inútil? Oigo que los estadounidenses pueden comprar cualquier cosa que quieran, y me lo creo, juzgando por las cosas que he fabricado para ellos. También he oído que, cuando ya no quieren algo, simplemente lo tiran. Que cosa más baja y derrochadora”.

Salgámonos hoy de los límites normales del análisis de nuestra crisis económica y hagámonos una pregunta radical: ¿qué sucedería si la crisis de 2008 representa algo mucho más fundamental que una profunda recesión? ¿Qué pasaría si nos está diciendo que todo el modelo de crecimiento que hemos creado en los últimos cincuenta años es simplemente insostenible económicamente y ecológicamente y que 2008 fue el año en el que topamos con una pared, cuando tanto el mercado como la Madre Naturaleza dijeron: “Basta”?

Hemos creado un sistema para el crecimiento que depende de que construyamos más y más tiendas para vender más y más cosas hechas en más y más fábricas de China, alimentadas por más y más carbón que causaría más y más cambio climático pero harían ganar a China más y más dólares de manera que los Estados Unidos tendrían más y más dinero para construir más y más tiendas y vender más y más cosas que emplearían a más y más chinos…

No podemos seguir haciendo esto durante más tiempo.

“Hemos creado una manera de elevar los estándares de vida que posiblemente no podremos pasar a nuestros hijos”, afirma Joe Romm, un físico y experto en clima que escribe en el blog indispensable climateprogress.org. Nos hemos hecho ricos agotando todas nuestras reservas naturales, agua, hidrocarburos, bosques, ríos, peces y tierras de cultivo, y no generando flujos renovables.

“Puedes obtener esta explosión de riqueza que hemos creado de este comportamiento de rapiña”, añade Romm. “Pero tiene que colapsar, a menos que los adultos se levanten y digan, ‘esto es una estafa piramidal. No hemos generado riqueza real, y estamos destruyendo un clima habitable…’ La riqueza real es algo que puedes dejar de manera que otros lo puedan disfrutar.”

Más de mil millones de personas sufren hoy de la escasez de agua; la deforestación en los trópicos destruye un área del tamaño de Groenlandia cada año, más de 10 millones de hectáreas; más de la mitad de los caladeros de pesca del mundo están agotados o a punto de alcanzar sus límites.

“De la misma manera que un puñado de economistas nos advirtieron de que estábamos viviendo más allá de nuestros medios financieros y agotando nuestros activos financieros, los científicos nos están advirtiendo de que estamos viviendo más allá de nuestros medios ecológicos y agotando nuestros activos naturales”, argumenta Glenn Prickett, vicepresidente de Conservation International. Pero como los ecologistas han advertido: “la Madre Naturaleza no ofrece rescates”.

Uno de los que me ha estado advirtiendo de todo esto durante mucho tiempo es Paul Gilding, experto en negocios ecológicos australiano. Le ha puesto nombre a este momento, cuando tanto la Madre Naturaleza como el Padre Avaricia se han estrellado contra el muro a la vez: La Gran Discontinuidad.”

“Estamos tomando un sistema que opera más allá de su capacidad y conduciéndolo más rápido y más bruscamente,” me escribe. “No importa lo maravilloso que sea el sistema, las leyes de la física y la biología aún rigen.” Tenemos que tener crecimiento, pero debemos crecer de diferente manera. De entrada, las economías necesitan transicionar hacia el concepto de cero-neto, de manera que al construir edificios, coches, fábricas y casas, estén diseñados no solo para generar tanta energía como usen, sino para ser infinitamente reciclables en cuantas más partes sea posible. Crezcamos creando flujos en vez de saquear más existencias.

Gilding dice que en realidad es un optimista. Yo también. Ya se está utilizando esta desaceleración económica para reformar y reorientar economías. Alemania, Inglaterra, China y los EE.UU. han usado leyes de estímulo financiero para realizar enormes inversiones en energía limpia. El nuevo paradigma nacional para el desarrollo de Corea del Sur se llama “crecimiento verde, bajo en carbón. “¿Quién lo iba a decir? La gente se está dando cuenta de que necesitamos algo más que pequeños cambios, y estamos viendo los primeros indicios de crecimiento inteligente en formas más eficientes, más inteligentes y más responsables.

Mientras tanto, afirma Gilding, tome notas: “Cuando lo recordemos, 2008 será un año trascendental en la historia humana. Nuestros nietos y bisnietos nos preguntarán, ‘¿cómo fue? ¿Qué estabais haciendo cuando empezó a derrumbarse? ¿Qué pensábais? ¿Qué hicistéis?'” A menudo, en medio de momentos trascendentales, no podemos ver su importancia. Pero para mi no hay duda: 2008 será el punto clave, el momento en que “La Gran Discontinuidad” empezó. ·

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