POHNPEI EL SECRETO

POHNPEI    EL SECRETO

Enclave situado en las Carolinas Orientales,en la Micronesia,existe una isla Pohnpei ( o Ponape) debajo del cual se esconde una pagina secreta de la historia de la humanidad. Los iniciados de la hermandad de los ” tsamoro” le dan a su isla justamente este nombre “ sobre el secreto “.
Un lugar que le sigue ocultando al extraño gran parte,precisamente, de sus conocimientos secretos.

El único que ha trascendido más allá de sus límites,
sigue sin estar resuelto: frente a sus costas se asientan las ruinas de la enigmática ciudad acuática de Nan Madol, construida —nadie sabe cuándo ni por quién— con gigantescos bloques de basalto sobre 91 islotes artificiales. Invadida por la jungla y los manglares, continúa siendo para los nativos una ciudad prohibida, que —de acuerdo con su tradición— acecha con la muerte a quien osa permanecer en ella después de la caída del Sol.

En 1939 había aparecido en la Prensa alemana una
curiosa noticia: afirmaba ésta que submarinistas
japoneses habían efectuado inmersiones en la isla
carolina de Ponape (la antigua Pohnpei) y habían sacado
del lecho del mar trozos de platino. Pero no de alguna
formación natural recubierta de coral, sino de un tesoro
submarino.
Noticias posteriores afirmaban que en la costa oriental
de Pohnpei se hallaban diseminadas en una amplia área
misteriosas construcciones cubiertas por la jungla: un
sistema de canales, muros ciclópeos, ruinas de
fortificaciones, ruinas de palacios…

CIUDAD SUMERGIDA

Ya mucho antes de la primera gran guerra —explicaron
los nativos— buscadores de perlas y comerciantes
japoneses habían efectuado sondeos clandestinos en el
fondo del mar. Hasta que los submarinistas regresaron
con narraciones fabulosas: allí abajo se habían podido
pasear por calles en parte bien conservadas, si bien
recubiertas por moluscos, colonias de corales y otros
habitantes marinos, amén de algún que otro vestigio de
ruinas. Desconcertante había sido, según ellos, la visión
de numerosas bóvedas de piedra, columnas y monolitos.

Esta misteriosa ciudad submarina albergaba tesoros
concretos, debiéndose hallar en el centro de la misma
una especie de panteón de los nobles del lugar, cuyas
momias yacían allí. Pero aquí viene lo asombroso: cada una de estas momias estaría encerrada en un sarcófago de platino. Estos son los sarcófagos que —ya en época de la dominación japonesa de la isla, o sea entre las dos guerras mundiales— habrían localizado los submarinistas nipones.
De acuerdo con estos testimonios, habrían ido
extrayendo platino del fondo marino hasta el momento en que dos submarinistas ya no volvieron a emerger. Desaparecieron sin dejar rastro, llevándose consigo su moderno equipo de inmersión y de trabajo: jamás nadie volvió a verlos.

NAN MATOL

«En tiempos antiguos parece haber existido en Pohnpei una cultura altamente avanzada, tal y como lo evidencian las misteriosas ruinas pétreas de Nan Matol en mi municipalidad familiar de Matolenim. En aquellos tiempos hubo solamente un rey, algo similar a un faraón. El tamaño de los huesos enterrados en las
grandes cámaras de piedra muestra que fueron mucho más altos que los pohnpeyanos de hoy día».
La historia conocida de Pohnpei empieza asi :

Nueve parejas —nueve hombres y nueve mujeres— erraban en una canoa por el ancho mar,buscando una tierra nueva en la que establecerse. En esto pensaban cuando se toparon con un pulpo hembra de nombre Letakika. Cuando éste les interrogó acerca de su camino, le respondieron que iban en busca de una nueva tierra, y le preguntaron a su vez si él podría ayudarles. El pulpo les indicó un lugar del océano en el que había una roca que surgía por encima de las olas. Y les dijo que fueran en busca de esta roca y comenzaran allí a edificar su país. Los nueve hombres y las nueve mujeres prosiguieron su camino y hallaron la roca. Sobre ella comenzaron a construir la isla. Luego, dejaron en ella a una pareja, un hombre y una mujer, mientras que el resto volvieron a marchar. El nombre del hombre que se quedó en la isla no tiene
importancia; no tenía nombre. Sí lo tenía el de la mujer: se llamaba Lemuetu. Lemuetu es la primera madre de Pohnpei. Por ello los pohnpeyanos se asientan sobre un matriarcado. En su canoa, las nueve parejas llevaban alimentos para comer y para plantar en la nueva tierra. Lemuetu y su compañero no tuvieron casa.
Estuvieron viviendo durante mucho tiempo sobre las rocas. Comieron alimentos no cocinados. Posteriormente, alguien vino y les enseñó cómo había que encender fuego frotando dos palos. Después, llegó otra persona que les mostró cómo se construía una vivienda. Y luego llegaron más gentes, del oeste, del sur y del este. Y se fueron formando así con el tiempo los distintos clanes que habitaron la nueva isla, que había sufrido una radical transformación. Este escueto y a la vez completo relato iniciático sobré los orígenes de la roca primaria de Pohnpei, es un compendio de conocimientos ocultos. Así, el nueve es —para las empresas de la raza humana— el símbolo del nacimiento, el símbolo de lo nuevo, apoyado en la cabala lingüística de las voces nueve — nuevo — nave — huevo (novem — novum — navis — ovum), que cobra todo su vigor en el gay saber de
los argotiers, en el argot de aquellos que construían la obra en el país del gallo, en la Galia: neuf — neuf — nef — oeuf. En el relato pohnpeyano aparecen estos mismos elementos: la nave, tripulada por nueve parejas,para construir un país nuevo, lo cual significa un nacimiento, simbolizado por el huevo. Ahora bien, lascaracterísticas de la nave, con alimento y plantas para sembrar en el país nuevo, el hallazgo de una roca de tierra firme sobre la cual establecerse, la indicación de la cercanía de la nueva tierra por parte del pulpo, la equiparan a la nave-arca de Noé que navega igualmente en busca de la nueva tierra. Y en la misma cabala lingüística de quienes construyen bajo el signo del gallo, Noé es la radical de Noélle, la natividad, el nacimiento. Con lo que seguimos en la constante del nueve indicada en el relato primario de Pohnpei: en nueve ciclos (meses) se forma (nace) el ser humano. Y —como no podía ser menos— cada nueve meses se reunían en Salapwuk —en donde se conserva la roca original de la isla, la que sirvió para su nacimiento— el principal lugar de culto de Pohnpei, todos los sacerdotes, para unas celebraciones a las cuales estaba
vedada la asistencia a todo extraño. Cada sacerdote aportaba, colgando de un palo, todo tipo de alimentos (en recuerdo de los alimentos que portaba la canoa primera), desarrollándose las ceremonias en el más severo secreto. Severo secreto en el lugar —la roca original— en el que el pulpo les indicó a las nueve parejas que construyeran el nuevo país. Nueve navegantes y constructores. Pero es que resulta que navegantes y constructores eran también los frimácons, descendientes herméticos de los argonautas, los nautas o navegantes del arca (¿no acabamos de hablar del arca del nacimiento, el de Noé?¿No es la canoa de las nueve parejas el arca que navega hacia un nuevo nacimiento, una nueva construcción?), aquellos que fueron en busca del vellocino de oro, que Frixos había ofrecido a Aetes, hijo del Sol (¿no es Pohnpei un país de los reyes del Sol?), después que el carnero Crisomalo, cuyo vellón era de oro, lo rescatara de la
muerte, Frixos llegó a Aea, país en donde «los rayos del Sol se encierran en una cámara de oro», o sea en un arca de oro. Por otra parte, bajo el signo de este carnero, bajo el signo de Aries, vuelvo a recordar que se celebraba en Roma la festividad de las Cereales, en cuyas procesiones llevaban un huevo, que en este contexto cabalístico acabamos de definir como símbolo del nacimiento (toda la conexión aérea —volante— de estos simbolismos . Indico de paso una vez más que, en su raíz lingüística, los argonautas nos remiten a una familia cabalística que relaciona las raíces arg—, arq —, are—, arc, que nos llevan a palabras tan interesantes como el nombre mismo de la nave Argos de los argonautas (en el origen de Pohnpei hablamos de navegantes), la arquitectura (hablamos de constructores), lo arcano (hablamos del secreto en las tradiciones herméticas del inicio de la isla), el arca de Noé (hablamos de la canoa que busca una nueva tierra), arch (comienzo, origen, y estamos hablando del origen de la isla),etcétera.
Pero sigamos con la importancia del número nueve indicado en el número de tripulantes originales de la canoa, que buscan un lugar en el que deben erigir la base sobre la que se construirá luego un santuario.
Insisto: nautas constructores. Pero acabo de decir que los descendientes herméticos de los argonautas, los frimaçons, eran igualmente nautas y constructores. Más: constructores de santuarios también, al igual que las nueve parejas. Así, los macons son los posaderos de la divinidad, y en su grado de Maestro se le cuenta al recipiendario la leyenda o tradición de Hiram, en la cual se indica el origen de la hermandad. Resuelto Salomón a edificar el Templo, aparece en escena Hiram, el arquitecto conocedor de los secretos de la
construcción del edificio sagrado. Y enlazamos con el nueve: al echarse de menos a Hiram, asesinado, Salomón ordenó que nueve maestros lo buscasen. Nueve son también los maestros constructores de la bóveda secreta. Los macons saben, además, que Henoch escondió el Nombre Indecible debajo de nueve arcos, grabado en un delta o triángulo equilátero. Y saben que la figuración del campamento de los Príncipes del Real Secreto, que esperan el momento oportuno para reedificar el templo, se realiza en una sala alumbrada con 81 (9 × 9) luces, en la cual aparecen una serie de figuras geométricas concéntricas
encerradas en un polígono de nueve lados. Los nueve maestros que conectan al ser humano con mandatos dictados por otros seres aparecen repetidamente a lo largo de la historia. Así, también en la versión siríaca
del texto apócrifo conocido por Evangelio árabe de la infancia, leemos —refiriéndose al viaje de los reyes magos—, que «al primer canto del gallo, abandonaron su país, con nueve hombres que les acompañaban, y se pusieron en marcha, guiados por la estrella». Otro relato menor de este tipo es aquel en que un apuesto guerrero que galopaba entre las nubes y que esgrimía un rayo por arma, guió a los nueve homes de paratge (caballeros) que respondieron al llamamiento del conde Borrell II con el fin de arrebatarles nuevamente la
ciudad de Barcelona a los árabes, que la habían conquistado. La misma narración la conocen desde los tiempos antiguos los habitantes de Pohnpei. Nueve hombres fuertes (nueve héroes) acuden en una canoa a Pohnpei para arrebatarles la ciudad de Nan Matol a los Sautelurs que la están gobernando. Y el total de guerreros que acuden a la orden de Iso Kalakal, en la canoa que ocupan los nueve héroes, es de 333 (tres veces tres, o sea nueve, una vez más).Sin duda, más de un lector estará pensando ya en estos momentos en una de las más controvertidas sociedades secretas: los Nueve Desconocidos. Saltaron a un conocimiento público mayoritario por la sospecha de que hubieran promovido la figura de Mao Tsé-tung, como líder de la
revolución cultural china, hacia un ascenso fulgurante inexplicable por cauces políticos normales. De
acuerdo con lo averiguable y publicable, la sociedad de los Nueve Desconocidos fue fundada por el rey
Ashoka, que expandió el budismo por gran parte de Asia.
Vayamos al pulpo, símbolo divino de abundancia de alimentación en Pohnpei, lo cual está directamente relacionado con los ritos secretos que cada nueve meses se celebraban en Salapwuk, tal y como ya lo mencioné al relacionar dichos ritos con los tripulantes de la canoa de los nueve, tan identificable con el arca bíblica de Noé. Pero resulta que los nueve —la constante nueve que impregna la historia iniciática del génesis de Pohnpei— se diluyen desde el primer momento en la figura del pulpo: ocho tentáculos actuantes regidos por un centro, la cabeza, que juntos completan todo el cuerpo del pulpo, que suma así (8+1) nueve elementos. Figura esotérica reforzada más tarde con la narración del viaje de los nueve valientes que acuden a Nan Matol en la canoa de los 333 (3 veces 3 = 9): son ocho héroes que acompañan a su jefe, Iso Kalakal = ocho tentáculos para una cabeza. El pulpo está igualmente representado en la enorme roca cubierta de petroglifos conocida por roca de Sapwalap, lugar que —como más adelante veremos— marca, cuando menos legendariamente, una entrada al subsuelo. Por otra parte, el detalle de que uno de los nueve elementos que viajan en la canoa original, se queda en la isla mientras que los otros ocho vuelven a partir, indica que uno de los tentáculos del pulpo se asienta sobre Pohnpei, detalle confirmado por la narración tradicional —recogida en versión algo distorsionada por ejemplo en la obrita Never and Always: Micronesian Stories of the Origins of Islands, Landmarks, and Customs (Nunca y siempre: historias micronesias de los orígenes de las islas, de los hitos y de las costumbres), trabajo de recopilación
efectuado por los alumnos del Community College of Micronesia— que afirma que Pohnpei es uno de los hogares del pulpo. Pulpo que además fue, en su origen, un animal terrestre y no marino, que habitaba la copa de un árbol, indicación sutil de su identidad con la araña, figura a su vez cabalística que marca la dependencia estelar de la raza humana. Sepa, quien desee profundizar en este tema, que el grado 25 de la hermandad masónica corresponde al del Caballero de la Serpiente de Bronce o de Airain (serpiente por lo tanto metálica) La voz airain está emparentada con airagne (airañe). Y los alquimistas saben perfectamente que necesitan el hilo de Ariadna (Ariane es una forma de airagne, por metátesis de la i), si no quieren extraviarse en los meandros de la Obra y verse incapaces de encontrar la salida. Retrocedamos a la formación de esta palabra. Airw significa tomar, asir, arrastrar, atraer, de donde deriva airhn, lo que toma ase, atrae. Airhn es, por lo tanto, el imán. En provenzal, el hierro se llama aran o irán: es Hiram, el divino Aries, el arquitecto del Templo de Salomón (ya vimos su relación con la constante 9). Imán, en griego, es Sidhroz. Y de esta voz deriva a su vez el latín sidus, sideris = estrella. Con lo que queda esquemáticamente
cerrado el ciclo cabalístico que identifica la dependencia estelar de la raza humana. Quedémonos con Ariadna, la araña que con su hilo ayudó a Teseo a vencer al minotauro, para terminar con el tributo de siete jóvenes y siete doncellas que cada nueve años debía pagar la ciudad de Atenas, de acuerdo con la narración mítica griega. Teseo fue, además, uno de los héroes que fueron en busca del vellocino de oro a bordo de la rápida y luminosa nave Argos —los argonautas de quienes ya hablamos en relación con la canoa que navegaba rumbo a Pohnpei—, nave que, dicho sea de paso, disponía de una tabla parlante que indicaba a sus tripulantes lo que debían hacer cuando éstos se veían perdidos, con lo cual cumplía una función similar a la que desempeñaban tanto el arca que portaban los seguidores de Moisés para comunicarse con Yahvé, como el cofre mediante el cual hablaban con Huitzilopochtli los aztecas, durante sus respectivos éxodos en pos de la tierra prometida, orientados por una nube inteligente los unos y por un águila sabia los otros. El minotauro vencido por el mencionado argonauta con ayuda de la araña habitaba el famoso laberinto de Creta (otra de las islas del pulpo en opinión de André Malby, a quien desde aquí agradezco tantos momentos de tanteo, de silencio y de comunicación, así como de incisiva búsqueda paralela). El esquema del diseño solar (el palacio de la doble hacha) de este laberinto se repite preocupantemente en monedas cretenses, en una cruz rúnica danesa, en un gran diseño sobre el suelo de la isla sueca de Gotland, en una pintura rupestre en Rocky Valley cerca de Tintagel Head, en el extremo suroeste de Inglaterra, en vasos etruscos, en una pintura rupestre en el conjunto de Valcamonica, en la vertiente italiana de los Alpes, cuya conexión extrahumana ya puede ser evidente,y en donde el diseño del laberinto aparece cerca del de una svástica (símbolo solar y galáctico), en el esgrafiado de la pared de una casa de Pompeya (cuyo antiguo nombre original es Pompei, lo que aprovecho para invitar a quien se vea capacitado, a establecer la conexión precisa entre esta Pompei volcánica y la volcánica Pohnpei, sin olvidarse de pasar por la India), y en el dibujo laberíntico que trazan los indios hopi norteamericanos. Para los indios hopi es el símbolo de la madre Tierra.
Porque nuestra historia se ramifica y hay que saber recorrer el árbol rama por rama, sin perder de vista nunca la totalidad de las ramas que se complementan, la totalidad del árbol del que estamos hablando. Hemos recorrido parte de la rama del 9. Y parte de la rama del pulpo, o de la araña. Recorramos ahora la rama de los indios hopi, a la que nos condujo el laberinto de la araña de Creta, que aparecía además en Pohnpei. La rama de los indios hopi nos indicará que deberemos luego recorrer la de la mujer dejada en Pohnpei, la primera madre de la isla: Lemuetu. Porque si para los hopi el símbolo laberíntico de Creta es el
de la madre Tierra, nos encontramos que en el relato iniciático del génesis de Pohnpei, los nueve elementos tripulantes de la canoa primera dejan en la isla a una de las nueve parejas, el hombre de la cual es tan insignificante que ni siquiera tiene nombre, mientras que todo el peso del inicio de la civilización en aquella roca sagrada del gran mar recae en la mujer, que sí tiene nombre y es el pilar del que arranca el matriarcado de la isla.Esta determinante, la de que su historia comienza con una mujer, a la que se suma la figura del
pulpo hembra que guía a los nueve hacia el país en el que vive, convierten a Pohnpei en términos esotéricos en una sede de la madre Tierra, que será fecundada por los rayos del Sol. Los reyes del Sol la gobernarán.
¿Hablamos, al hablar de la madre Tierra, de la madre patria? Las tradiciones de los hopi así lo parecen indicar, con lo cual refuerzan la opinión, entre otros, de Ernst Haeckel.

Los indios hopi viven hoy en una reserva en el estado norteamericano de Arizona, siendo su poblado principal Oreibi, el más antiguo lugar ininterrumpidamente habitado de Norteamérica. Josef F. Blumrich, un ingeniero de la NASA, que al frente de su Oficina de Construcción de Proyectos mereció en 1972 la medalla para Servicios Excepcionales de la citada agencia espacial, y que vive en Laguna Beach en California, no lejos de la reserva de los hopi, mantiene desde el año 1971 una agradable amistad con el anciano indio White Bear, el cual le ha venido narrando pacientemente a Blumrich los recuerdos ancestrales de su pueblo que forman parte de su actual tradición viva. El ingeniero Blumrich dispone hoy así de casi cincuenta horas de cintas grabadas con narraciones y explicaciones adicionales. De estas narraciones nos interesa lo siguiente: De acuerdo con la tradición hopi, la historia de la Humanidad está dividida en períodos que ellos llaman «mundos», los cuales están separados entre sí por terribles catástrofes naturales. El primer mundo sucumbió por el fuego, el segundo por el hielo y el tercero por el agua. Actualmente vivimos en el cuarto mundo. Y en total, la humanidad deberá recorrer siete.
https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=PCuDYHp_MyQ

No siendo comprobables históricamente los dos primeros mundos, el recuerdo ancestral de los hopi se remonta a la época del tercer mundo, cuyo nombre era Kasskara. Éste era el nombre, en realidad, de un inmenso continente situado en el actual emplazamiento del océano Pacífico. Pero Kasskara no era la única tierra habitada. Existía también el «país del este». Y los habitantes de este país tenían el mismo origen que los de Kasskara. Los habitantes de este otro país comenzaron a expandirse y a conquistar nuevas tierras,
atacando a Kasskara ante la oposición de ésta a dejarse dominar. Lo hicieron con armas potentísimas, imposibles de describir. Tan sólo los elegidos, los seleccionados para ser salvados y sobrevivir en el mundo siguiente, fueron reunidos bajo el «escudo». Los proyectiles enemigos reventaban en el aire, de modo que los elegidos colocados bajo el escudo quedaban indemnes. Repentinamente, el «país del este» desapareció
por alguna causa desconocida bajo las aguas del océano y también Kasskara comenzó a hundirse paulatinamente.En este momento, los katchinas ayudaron a los elegidos a trasladarse a nuevas tierras. Este hecho marcó el fin del tercer mundo y el comienzo del cuarto. Es preciso aclarar que, ya desde el primer mundo,los humanos estaban en relación con los katchinas, palabra que puede traducirse libremente por «venerables sabios». Se trataba de seres visibles, de figura humana, que nunca fueron tomados por dioses, sino solamente como seres de conocimientos y potencial superiores a los del ser humano. Eran capaces de trasladarse por el aire a velocidades enormes, y de aterrizar en cualquier lugar. Dado que se trataba de seres corpóreos, precisaban para estos desplazamientos artefactos voladores, «escudos voladores» —tal y como los recuerdan también las crónicas romanas antiguas y las crónicas de Carlomagno, que recibían diversos nombres. White Bear describe estos artefactos: «Si de una calabaza cortas la parte inferior, obtendrás una corteza; lo mismo debe hacerse con la parte superior. Si luego se superponen ambas partes, se obtiene un cuerpo de forma de lenteja. Éste es básicamente el aspecto de un escudo volador».Hecha esta aclaración, regresemos al cambio de territorio de los antiguos habitantes de Kasskara ya que nos acercamos con ello al área geográfica en que se centra este libro. La población, de acuerdo con el recuerdo tradicional de los hopi, llegó a la nueva tierra por tres caminos diferentes. Los seleccionados para recorrerla, inspeccionarla y prepararla, fueron llevados allí a bordo de los escudos de los katchinas. El gran resto de la población tuvo que salvar la enorme distancia a bordo de barcas. Y cuenta la tradición que este viaje se efectuó a lo largo de un rosario de islas que, en dirección nordeste, se extendía hasta las tierras de la actual América del Sur.La nueva tierra recibió el nombre de Tautoma, que viene a significar «la tocada por el rayo».
Tautoma fue también el nombre de la primera ciudad que erigieron, a orillas de un gran lago. De acuerdo con los conocimientos actuales, Tautoma se identificaría con Tiahuanaco, mientras que el lago corresponde al Titicaca. Un cataclismo convulsionó a la ciudad, destruyéndola, motivo por el cual la población se fue desperdigando por todo el continente. Durante un largo período los hombres se fueron repartiendo en
grupos y clanes por los dos subcontinentes. Algunos de estos clanes iban en compañía de los katchinas, quienes a menudo intervinieron para ayudarlos.Los hopi formaban parte de aquellas tribus que emigraron en dirección norte, y recuerdan un período en el que atravesaron una calurosa selva y un período en el que se toparon con una «pared de hielo» que les impidió el avance hacia el Norte y les obligó a volver atrás.

Mucho tiempo después de estas migraciones todavía había clanes que seguían conservando las antiquísimas doctrinas. Estos clanes se reunieron y construyeron una ciudad de «importancia trascendental», que recibió el nombre de «la ciudad roja», a la que se identifica con Palenque. En dicha ciudad fue establecida la escuela del aprendizaje, cuya influencia todavía hoy puede descubrirse en algunos hopi y cuyos maestros fueron los katchinas.

Después de haber recogido toda la información que le ha sido posible sobre los katchinas, Blumrich llega a las siguientes conclusiones sobre estos seres que, sin ser considerados en ningún momento como divinidades (circunstancia que se repite en la tradición pohnpeyana), se sitúan en el plano cósmico de injerencia directa en el quehacer humano: tenían cuerpo físico, apariencia de hombres, pero disponían de unos conocimientos muy superiores a los de los humanos. Poseían artefactos voladores, y un escudo que
rechazaba a los proyectiles enemigos a elevada altura. Eran, además, capaces de engendrar niños en las mujeres sin mediar contacto sexual (circunstancia que se repite en la tradición pohnpeyana en la repetida narración del engendramiento del conquistador de la ciudad de Nan Matol). A todo ello hay que sumar las habilidades que los humanos aprendieron de los katchinas, la más importante de las cuales fuera quizás el corte y transporte de enormes bloques de piedra (circunstancia que se repite en la tradición pohnpeyana en
la figura de Olosipe y Olosaupa, dos arquitectos dotados de gran poder mágico, que transportaron enormes bloques de basalto por el aire) y, en relación con ello, la construcción de túneles y de instalaciones  subterráneas (circunstancia que se repite relativamente en la tradición pohnpeyana para la zona de las islas artificiales sobre las que se asienta la ciudad de Nan Matol).
Por el momento dejamos aqui la historia oculta de Pohnpei,dejando claro que esa isla oculta (quizas) los origenes de la humanidad.

http://www.youtube.com/watch?v=123BDi8gPgQ

http://www.primewire.ag/watch-1286469-Ponape-Island-of-Mystery

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